Nota para el suplemento Si del Diario Clarín. Si lo sabe, no canteLa banda del Oeste desarrolla una música intrincada, de aires progresivos, y netamente instrumental. Todo lo que dicen sale de sus instrumentos. Desconectá el micrófono. Apagalo. Abandonalo al costado de un escenario imaginario. Defórmica no lo necesita. Defórmica no canta: toca. Y aunque ninguno de sus cinco integrantes se anime a usar la voz, en esta banda sobra el diálogo. Dos guitarras se retrucan en una conversación constante, se devuelven frases, arreglos, se doblan y se acompañan. A esta charla se acoplan un bajo que violenta el suelo, una batería que marca el pulso y un teclado Rodhes que regala sutilezas. El resultado: rock instrumental crudo -y a veces progresivo- que sacude las entrañas. Alejandro Carrau (tecladista) explica por qué no tienen vocalista: "Las palabras no son nuestro fuerte. Aparte, todo se dio de forma natural, porque cuando empezamos no teníamos cantante y sonaba lo que tenía que sonar. También por la falta de alguien que se prestara para hacer el estilo que hacemos". La ausencia de letras está reemplazada por la generación de estados y climas, y el punto de partida son las sensaciones que producen los sonidos que combinan. Fieles al nombre que los une, sus composiciones escapan a la obviedad, a tal punto que cuando están a un acorde de arrimarse a una forma de melodía, abandonan la dirección, pegan volantazo y corren en rumbo contrario. Esa actitud es un proceso que la banda tiene bien masticado: "Antes de empezar a hacer algo pautamos la forma", descubre Nicolás Pedredo, guitarrista diestro que toca una Stratocaster para zurdos dada vuelta. Sin embargo, esta exploración intrínseca los demora: "En seis meses no cosechamos muchos temas porque cuando terminamos uno, queremos que el siguiente sea totalmente diferente", detalla Lion Iglesias, bajista y virtuoso. |