Nota para el suplemento Si del Diario Clarín.
Por: Nicolás Arévalo. Especial para el Suplemento Sí!

Si lo sabe, no cante

La banda del Oeste desarrolla una música intrincada, de aires progresivos, y netamente instrumental. Todo lo que dicen sale de sus instrumentos.

Defórmica: rock instrumental crudo y a veces progresivo.

Desconectá el micrófono. Apagalo. Abandonalo al costado de un escenario imaginario. Defórmica no lo necesita. Defórmica no canta: toca. Y aunque ninguno de sus cinco integrantes se anime a usar la voz, en esta banda sobra el diálogo. Dos guitarras se retrucan en una conversación constante, se devuelven frases, arreglos, se doblan y se acompañan. A esta charla se acoplan un bajo que violenta el suelo, una batería que marca el pulso y un teclado Rodhes que regala sutilezas. El resultado: rock instrumental crudo -y a veces progresivo- que sacude las entrañas. Alejandro Carrau (tecladista) explica por qué no tienen vocalista: "Las palabras no son nuestro fuerte. Aparte, todo se dio de forma natural, porque cuando empezamos no teníamos cantante y sonaba lo que tenía que sonar. También por la falta de alguien que se prestara para hacer el estilo que hacemos". La ausencia de letras está reemplazada por la generación de estados y climas, y el punto de partida son las sensaciones que producen los sonidos que combinan. Fieles al nombre que los une, sus composiciones escapan a la obviedad, a tal punto que cuando están a un acorde de arrimarse a una forma de melodía, abandonan la dirección, pegan volantazo y corren en rumbo contrario. Esa actitud es un proceso que la banda tiene bien masticado: "Antes de empezar a hacer algo pautamos la forma", descubre Nicolás Pedredo, guitarrista diestro que toca una Stratocaster para zurdos dada vuelta. Sin embargo, esta exploración intrínseca los demora: "En seis meses no cosechamos muchos temas porque cuando terminamos uno, queremos que el siguiente sea totalmente diferente", detalla Lion Iglesias, bajista y virtuoso.

Dicen no necesitar plomo ni sonidista. Tampoco luces de neón ni máquinas de humo. Arman, prenden, tocan, apagan y se retiran. Ni siquiera un "gracias". Los cinco se funden en un estado en el que despiden una energía que llega a los espectadores y los induce a sacudir sus nucas. "Nuestros recitales son muy introspectivos, no hay nada escénico. Mas allá de los nervios de tocar en vivo hay una concentración para mantenernos conectados todo el tiempo", describe Nicolás.

La banda, que hace base en la zona Oeste del conurbano bonaerense, comenzó a tocar en 2004. Dos años más tarde editó en forma independiente H, su primer disco, y ahora está grabando su nuevo álbum, que aún no tiene nombre y que pretende lanzar a mediados del próximo año. "Ya grabamos los bajos y las baterías, y ahora estamos pensando en agregar instrumentos invitados como vientos y algunas otras rarezas que se irán encontrando", cuenta Alejandro. Para este proceso, los muchachos contaron, nada más y nada menos, que con la colaboración de Pepe Céspedes, el bajista de la Bersuit, quien les prestó algunos equipos e intrumentos.

Sin lugar a duda, Defórmica no necesita palabras ni micrófonos para demostrar lo que sabe y lo que hace. Su música es su voz, su carta de presentación y su amplificador. ¿O acaso siempre hay que hablar para decir cómo son las cosas? Mejor hacé silencio y ponete a escucharlos.